Desarrollo vertical en Chamartín

PROYECTO

AÑO: 2008

 

La labor arquitectónica, considerada como un permanente ejercicio de “prueba y error” y chequeada en la práctica de su construcción y uso, da confianza y continuidad a las búsquedas arquitectónicas. Se avanza según los resultados empíricos de cada obra. Es una “búsqueda paciente”, aludiendo a Le Corbusier.

Un solo desencadenante y una estrategia, la superposición, junto con la reinterpretación de los conceptos con los que Le Corbusier hizo su arquitectura, arman el proyecto.

Los estratos compositivos y conceptuales, tienen una independencia formal absoluta radical, pero ha de notarse como las inspiraciones protagonistas no están tanto en los estratos citados como en el recorrido principal; allí aparecen una serie plazas abiertas aunque cerrado como espacio – como escenario- en el aire. La plaza es extremadamente compleja en su concepto; esto es, de una ambigua y atractiva naturaleza: ni plaza en el suelo ni suelo en el techo. Imagen abierta al paisaje, si se quiere, o habitación techada por el firmamento, si se desea.

El planteamiento da lugar a la percepción de una serie de piezas que se colocan en el parque que actúa como elemento definidor a la vez que compositivo, son casas en el cielo de manera que el espacio entre las mismas y los árboles adquiere gran protagonismo. Introducidos en el edificio, perdemos las referencias exteriores que se recuperan a través del cerramiento, filtro de la naturaleza y que nos referencia en todo momento el exterior. Este vínculo íntimo entre interior y exterior es parte fundamental del proyecto.

La inclusión de vegetación complica la ilusión, acompaña al visitante en un espacio de alta ambigüedad donde no se sabe si uno se encuentra en el interior o en el exterior.


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