Burdeles

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Categoría: Blog del Arquitecto

La arquitectura me acaba llevando a sitios raros, a lugares en los que difícilmente me imaginaría antes de dedicarme a esto. Ha entrado en el estudio el encargo de hacer el proyecto de actividad de un hotel de esos en los que el placer está de saldo y la carne es un elemento de compra-venta.

Naturalmente incluso en los sitios más insospechados se puede aprender cosas.

En primer lugar y antes de realizar este viaje es necesario desprenderse de prejuicios y valoraciones. Partiendo desde esa tabula rasa se puede entender la actividad como un elemento con premisas y necesidades previas que condicionan el proyecto.

Es imprescindible en este negocio y punto de partida del proyecto la discreción, los clientes que hacen uso de estos servicios no gustan de ser vistos por lo que es necesario plantear una entrada sin estridencias, un umbral que cumpla a la vez las dos funciones indispensables para las que se plantea: indicar su situación (pues nuestros clientes no gustarán que su negocio pase desapercibido) pero lo suficientemente disimulado para que los usuarios se cuiden de miradas y comentarios.

Igualmente y dentro de esta necesidad de discreción, las circulaciones deben estar controladas y fuera de ojos curiosos. Es por tanto esta necesidad de circulaciones y tránsitos, de flujos y movimientos un buen punto de partida a la hora de desarrollar el proyecto.

Los pasillos, distribuidores y corredores son siempre un punto delicado a la hora de realizar un proyecto, por lo que hay que tener cuidado y mesura a la hora de dimensionar.

Una vez solucionado el problema del acceso hay que valorar varios puntos para llegar a conseguir un espacio cómodo y delicado.

Desde la entrada de la habitación no debe verse la cama, hay que tener un poco de sutileza, y no gusta al cliente acceder directamente al lugar donde va a perpetrarse la faena, por así decirlo. Es necesario que haya un pequeño espacio previo a modo de antesala, capaz de suavizar la situación. Esto es algo importante y que debería caracterizar a todas nuestras arquitecturas, las cosas no se muestran de forma obscena, es necesario un recorrido para alcanzar la meta, una promenade.

Estos lugares no deben ser tenebrosos y lúgubres pues eso desanima a cualquier amante, por lo que es necesaria una iluminación adecuada, la luz, siempre la luz. La luz es capaz de generar espacios por si misma, a través de las sombras y los claroscuros se consiguen posiciones interesantes.

A este fin contribuye igualmente el color de las paredes, hay que huir de colores demasiado densos que cargan el ambiente de desasosiego, los colores claros amplían los espacios, generar contrastes a través del color es una medida que aporta un punto interesante. El juego del color es algo imprescindible. el espacio puede así quedar definido de forma elegante.

Una vez definido el contenedor es necesario ir al contenido. El lugar debe contar con los elementos de decoración necesarios que sirvan de apoyo para cumplir con las fantasías y deseos de los usuarios, unos espejos por aquí y por allá, algún mueble, pero cuidado, no hay que sobrecargar el espacio, pues eso provocaría el efecto contrario al deseado, convirtiendo el lugar en algo tremendo. Es por tanto la limpieza y la pureza espacial el contrapunto necesario para este desempeño. Los espacios de formas puras no deben estar muy cargados de decoración pues pierden forma su interés y delicadeza sutil.

Estas necesidades no son únicamente cuestión de estos sitios, sino que otras arquitecturas plantean cuestiones similares, por lo que hasta de las cosas más inusuales debemos ser capaces de aprender, debemos saber ponernos las gafas de arquitecto para pode descubrir las reglas de la arquitectura y  poder aplicarlas con naturalidad y eficiencia.


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