Archivo del Autor: Rubén García Moreno

La Marseillaise

Categoría: Blog del Arquitecto

Pocas cosas hay que me emocionen hoy tanto como escuchar el himno de Francia antes de los eventos deportivos. Ver a sesenta mil franceses cantando todos al unísono haciendo que retumbe el suelo es algo que hace que se me ponga un poco la gallina de piel, como diría alguno.

Y todo me viene de hace tiempo, de la primera vez que vi Casablanca.

Creo que es imposible ver esa película y no volverte un poco francés, el momento  en el que Víctor Laszlo empieza a entonar La Marseillaise como muestra de rebeldía, en lucha por nuestras libertades y por todo aquello que trataban de arrebatarnos es quizá la mejor escena que he visto en mi vida.

No se acaba Casablanca, sigue haciéndose y quizá por eso dijo Billy Wilder que “sin ser la mejor, es la película más amada”, pues la riqueza de sus angulaciones y ambigüedades ofrece tantos pliegues que siempre, cuando se vuelve a ver, se ve por primera vez. Por la rendija de cualquier pretexto -que, por endeble y traído por los pelos que sea, siempre es válido-, aquella genial destilería de sentimentalismo y cinismo se escapa de los sepulcros de los vídeos y las cinematecas y salta a las aceras, al territorio de las noticias. Todo está dicho de Casablanca, pero hay que volver a decirlo, pues hay oídos nuevos que lo esperan.

Quizá todos alguna vez nos hemos enamorado de Ilsa Lund y la hemos odiado a la vez por no querer a Rick Blaine, ese perdedor idealista con el que todos nos hemos identificado.


Lo cotidiano

En ocasiones tendemos a no valorar lo que tenemos en nuestro entorno más cercano, lo cotidiano hace que aquello de lo que disfrutamos a diario se vuelva telón de fondo y pierda su valor convirtiéndose en mero espectador de nuestras vidas.

Por suerte aquí en Cercedilla, disponemos de una de esas bellas piezas que se ha convertido en un referente de la arquitectura madrileña contemporánea, el umbráculo y las piscinas de las Berceas donde los arquitectos  Javier Vellés y María Luisa López Sardá hicieron uso de los recursos que tenían a su alcance para conformar una maravillosa pieza que reverbera el bosque que lo rodea.

El encargo proponía hacer una instalación que atrajera a los excursionistas para que se reunieran en un lugar, en vez de dispersarse por el monte público, así sería más fácil controlar el comportamiento de los que deterioraran el bosque o las negligencias de los que pudieran provocar los temidos incendios. Para ello proponen construir una piscina, unos vestuarios, un botiquín, un merendero y un almacén de venta de leña para las barbacoas.

El emplazamiento es un maravilloso bosque de pinos silvestres en la ladera meridional de la sierra de Guadarrama, encima de Cercedilla. Tras unos primeros momentos de incertidumbre, se dispone finalmente a media altura de la ladera en un lugar utilizado como punto para comer al aire libre al otro lado del arroyo, orientando a sur.

Lo que en un principio se preveía como una pequeña cabaña de madera finalmente se convierte en la construcción de un gran umbráculo en el que aparecen la piscina, vestuarios y los almacenes sumándose al merendero; y que consigue racionalizar las relaciones de luz y sombra que se reproducen en el monte en las zonas de clareo y las zonas de bosque a través del uso de la madera como referente y el vacío como valor fundacional.

El proceso de aproximación al edificio, desde la cota inferior, permite tomar consciencia de los diferentes niveles a los que la construcción de madera da respuesta. Mediante un entramado de tres niveles apoyado en una retícula de pilares, se disponen los diferentes usos requeridos, quedando la piscina en el borde inferior, y resultando como gran espacio de sombra el nivel intermedio en el que cohabitan la madera y el terreno moldeado de manera aterrazada.

La cubierta y sus elementos, se libera de cerramiento y cubrición salvo en los espacios cerrados de los edificios-vagón, en los que planchas de plástico translúcido permiten el paso de la luz.

La utilización de la madera no es sino una posición respecto al terreno en el que el edificio reposa destilando ligereza y respeto, limitando el descontrol en el uso del monte; y en el que se produce una continuidad del bosque natural y el ”bosque” artificial que recrea el umbráculo con el vacío como razón de ser.


Año: 1976-79
Superficie: 1.060 m²
Lugar: Las Dehesas, Cercedilla, Madrid

 


Apuestas

Jorn Utzon-Can Lis

Hay decisiones que se sustentan en la confianza. Situaciones en las que asumimos riesgos con la esperanza depositada en que se cumplan unos objetivos marcados previamente. No se considera una locura jugarse una cena esperando que Fernando Torres marque más de seis goles esta temporada porque tenemos la certidumbre que lo conseguirá. Podemos decir para apoyarnos que nos basamos en sus números y estadísticas, en el crédito que concede echar la vista atrás para afianzar nuestra postura, pero al final se trata de una cuestión de fe.

Las experiencias pasadas nos ayudan a tratar de vislumbrar lo que puede ocurrir, cada nueva acción que emprendemos, cada proyecto, es un salto al vacío, pero no es un viaje a ciegas pues siempre llevamos en nuestras maletas los conocimientos aprendidos como certeza intuitiva.

En 1972 cuando contaba con 54 años y con cientos de obras por el mundo, Jorn Utzon decide establecerse en Mallorca para lo que realiza un proyecto íntimo y delicado, ligado con la tradición y el lugar, Can Lis, su casa propia donde vuelca todo eso que ha aprendido.

Para él la serenidad y la arquitectura ligada a la tierra, a la construcción y a la verdad es lo importante en este proyecto, tal y como debería ser para todos nosotros como ya indicamos en anteriores entradas.

La casa está situada al borde de un abrupto acantilado en la costa este de Mallorca. La componen cinco partes independientes que están encadenadas de forma libre y rítmica, y que siguen el ondulante borde del acantilado. Desde el camino que atraviesa un pequeño pinar, la casa ofrece a la vista un muro casi completamente cerrado. No resulta un muro inaccesible, que rechace a los visitantes, se cierra claramente protegiendo la vida privada de sus habitantes, pero al mismo tiempo invita a los visitantes a pasar hacia un cortavientos cubierto a la entrada de la puerta, donde se sitúa un banco fijo de piedra revestido de cerámica esmaltada.

Los materiales, elemento imprescindible en la arquitectura, son propios del terreno donde se construye, usándolos como ligazón con la tierra y la tradición tal y como otros grandes maestros han hecho. Los muros están construidos a base de grandes bloques rectangulares de arenisca local, en los dormitorios y en la sala de estar principal hay ventanas de la altura de una persona que abren la casa hacia una impresionante vista: cielo y mar. Las ventanas son a su modo nichos, una especie de aspillera que permite el suave paso de la luz y suaviza el contraste entre la oscuridad interior de la casa y la fuerte luz mediterránea.

La experiencia y la sensibilidad con la tradición son una apuesta segura a la hora de realizar cualquier proyecto, una de esas decisiones de fe que distinguen la Arquitectura con mayúscula.


Héroes anónimos

Dimitris PikionisLas casualidades son parte fundamental en los grandes logros. Tengo un amigo que yendo en bici a última hora de la tarde paró junto a un muro y vio que las traviesas que le hacían de sustento empezaban a arder.  Gracias a su hallazgo casual evitó un incendio y este hecho le convirtió en un héroe anónimo.

Nuestra arquitectura está llena de esos héroes anónimos, arquitectos que guiados por su experiencia y formación han sido capaces de conformar sin estridencias unas ciudades dóciles y serenas que nos invitan a vivir.

Si no estáis ligados al mundo de la arquitectura los nombres de estos profesionales os resultarán desconocidos, ya hablé de alguno de ellos en algún post anterior, su manera de ver y entender la sociedad y sus necesidades nos han mostrado el camino a los arquitectos actuales y nos dan una lección diaria de hacia dónde dirigirnos.

Tuve un profesor en la Escuela que nos pedí a referencias cultas para nuestros proyectos, de forma jocosa indicaba que una referencia, para ser culta debe estar validada por el paso del tiempo. El arquitecto debía estar muerto, pero bien muerto, no eran de buen gusto los proyectos de revista que llaman nuestra atención con colores y montajes que pueden ser fuegos de artificio.

De esa manera, casi por casualidad conocí a Dimitris Pikionis, el arquitecto griego encargado de reordenar y reconstruir los accesos de la Acrópolis de Atenas con un trabajo casi de cirujano.

Para enfrentarse a un proyecto en el que la Historia es pieza fundamental, Pikionis se basó en la idea del movimiento continuo formalizado mediante dos caminos uno más directo que guía al visitante hasta las puertas de la acrópolis y otro que lleva de manera más tangencial y que se recrea en el paisaje y en las formas contenidas en él, mediante unos pavimentos que son parte central del proyecto y que son “un collage de pasado y presente, un diálogo abierto con los monumentos, el paisaje y el tiempo”.

Para ellos utilizó material procedente de derribos de edificios de Atenas, poniendo al mismo nivel restos históricos con elementos cerámicos sin ninguna relevancia, un pavimento que a veces se eleva para convertirse en un muro  y otras veces se desvanece dejando ver la tierra borrado de esa manera cualquier distinción entre horizontal y vertical.

Todos los elementos se disponen minuciosamente para conducir al espectador al conjunto arquitectónico. La vegetación juega igualmente un papel importante, mediante masas que equilibran cuidadosamente lo construido.

De esta forma, y casi por casualidad, puedes llegar a la Acrópolis caminando sobre la Historia gracias a  uno de estos héroes anónimos.

 

 


Cómo hacer tu propio castillo de arena

Categoría: Blog del Arquitecto

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A raíz del artículo publicado en The Guardian en el que el arquitecto Renzo Piano explica cómo construir el mejor castillo de arena posible en la playa (http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2015/jul/14/sandcastle-beach-renzo-piano-shard-architect-build) me planteo esta entrada en el blog para tratar sobre las cosas efímeras.

La arquitectura efímera es algo que siempre ha estado acompañando al hombre a lo largo de la Historia. Desde las construcciones de las viviendas de los pueblos trashumantes que hoy en día aún pueden verse en las estepas de Mongolia y por ende en los documentales de la 2, hasta las construcciones escenográficas y las grandilocuentes obras reflejo de la técnica para las celebraciones de nuestras plazas y pueblos.

Hoy en día lo efímero y la arquitectura tienen más que ver con lo transversal, ahora que todo es transversal y participativo las obras efímeras adquieren relevancia y muestran el carácter de la sociedad.

El pasado domingo en mi pueblo, da igual cual sea pues todos los pueblos son el de uno mismo, se llevó a cabo una actividad promovida por el ayuntamiento junto a una serie de jóvenes con iniciativa y ganas de participar, en la que en origen se planteaba que las paredes del nuevo pasaje que comunica la plaza con el aparcamiento municipal (algún día hablaremos sobre las conexiones y circulaciones que responden a iniciativas políticas y no a necesidades de flujo y tránsito) se decoraran con graffitis y sprays en una única tarde de aerosol.

Queda fuera de mi intención entrar a valorar el gusto y el decoro de estas pintadas pues no es mi objetivo, sino valorar la participación, el movimiento ciudadano que estas iniciativas reflejan y cómo esto influye y modifica el aspecto de nuestras ciudades.

La arquitectura bebe un poco de estas iniciativas, pues no es un elemento estático, no es nuestra función generar seres inertes y masas inmodificables que permanezcan inalterables, los edificios deberían ser organismos vivos que recojan las influencias de sus habitantes y que a su vez influyan en la sociedad. Seres cambiantes capaces de recoger el testigo que la Historia y las historias les dejan.

No debemos tener miedo a que nuestras ciudades y nuestro entorno cambie, pero sí debemos ser conscientes de la importancia de nuestras decisiones como arquitectos. Con la serenidad que nos dan nuestros conocimientos tenemos que ser capaces de saber huir de las modas y los artificios y hacer una arquitectura serena y tranquila que sepa adaptarse, que sepa convivir con las cosas que cambian.

porque las cosas, como la arquitectura, están planteadas para no perdurar, para que puedan mutar y para que no tengamos miedo a ese cambio, como indica Piano al final de su entrevista: “A continuación, pon en el castillo de arena una banderita o cualquier otra cosa que puedas encontrar, sólo para hacerlo visible a la gente que va corriendo por la playa. Vete a casa y no mires atrás.”


Burdeles

Categoría: Blog del Arquitecto

La arquitectura me acaba llevando a sitios raros, a lugares en los que difícilmente me imaginaría antes de dedicarme a esto. Ha entrado en el estudio el encargo de hacer el proyecto de actividad de un hotel de esos en los que el placer está de saldo y la carne es un elemento de compra-venta.

Naturalmente incluso en los sitios más insospechados se puede aprender cosas.

En primer lugar y antes de realizar este viaje es necesario desprenderse de prejuicios y valoraciones. Partiendo desde esa tabula rasa se puede entender la actividad como un elemento con premisas y necesidades previas que condicionan el proyecto.

Es imprescindible en este negocio y punto de partida del proyecto la discreción, los clientes que hacen uso de estos servicios no gustan de ser vistos por lo que es necesario plantear una entrada sin estridencias, un umbral que cumpla a la vez las dos funciones indispensables para las que se plantea: indicar su situación (pues nuestros clientes no gustarán que su negocio pase desapercibido) pero lo suficientemente disimulado para que los usuarios se cuiden de miradas y comentarios.

Igualmente y dentro de esta necesidad de discreción, las circulaciones deben estar controladas y fuera de ojos curiosos. Es por tanto esta necesidad de circulaciones y tránsitos, de flujos y movimientos un buen punto de partida a la hora de desarrollar el proyecto.

Los pasillos, distribuidores y corredores son siempre un punto delicado a la hora de realizar un proyecto, por lo que hay que tener cuidado y mesura a la hora de dimensionar.

Una vez solucionado el problema del acceso hay que valorar varios puntos para llegar a conseguir un espacio cómodo y delicado.

Desde la entrada de la habitación no debe verse la cama, hay que tener un poco de sutileza, y no gusta al cliente acceder directamente al lugar donde va a perpetrarse la faena, por así decirlo. Es necesario que haya un pequeño espacio previo a modo de antesala, capaz de suavizar la situación. Esto es algo importante y que debería caracterizar a todas nuestras arquitecturas, las cosas no se muestran de forma obscena, es necesario un recorrido para alcanzar la meta, una promenade.

Estos lugares no deben ser tenebrosos y lúgubres pues eso desanima a cualquier amante, por lo que es necesaria una iluminación adecuada, la luz, siempre la luz. La luz es capaz de generar espacios por si misma, a través de las sombras y los claroscuros se consiguen posiciones interesantes.

A este fin contribuye igualmente el color de las paredes, hay que huir de colores demasiado densos que cargan el ambiente de desasosiego, los colores claros amplían los espacios, generar contrastes a través del color es una medida que aporta un punto interesante. El juego del color es algo imprescindible. el espacio puede así quedar definido de forma elegante.

Una vez definido el contenedor es necesario ir al contenido. El lugar debe contar con los elementos de decoración necesarios que sirvan de apoyo para cumplir con las fantasías y deseos de los usuarios, unos espejos por aquí y por allá, algún mueble, pero cuidado, no hay que sobrecargar el espacio, pues eso provocaría el efecto contrario al deseado, convirtiendo el lugar en algo tremendo. Es por tanto la limpieza y la pureza espacial el contrapunto necesario para este desempeño. Los espacios de formas puras no deben estar muy cargados de decoración pues pierden forma su interés y delicadeza sutil.

Estas necesidades no son únicamente cuestión de estos sitios, sino que otras arquitecturas plantean cuestiones similares, por lo que hasta de las cosas más inusuales debemos ser capaces de aprender, debemos saber ponernos las gafas de arquitecto para pode descubrir las reglas de la arquitectura y  poder aplicarlas con naturalidad y eficiencia.


Casa Ugalde

La arquitectura serena

Categoría: Blog del Arquitecto

“La casa no es propiedad de la persona para la que se hace (…) la casa es propiedad de la gente que se pasea, de todos los ciudadanos, y por eso digo que el arquitecto, por encima de todo, debe dar a las obras una cosa: serenidad. Dentro de la serenidad hay orden, algo que no inquiete, porque las cosas que inquietan cansan.”

 Extracto del libro Conversaciones con J.A. Coderch de Sentmenat escrito por Enric Sòria en 1.979.


La arquitectura está llena de estridencias, gritos caóticos que nos importunan desde cada rincón de nuestras ciudades, exclamaciones que buscan sin decoro mostrarse impúdicas a los ojos del espectador más o menos avezado. Se podría decir que son cadáveres, reminiscencias de un pasado en el que la marabunta y la abundancia permitían prácticamente cualquier obscenidad, la formalización absurda de las ideas más peregrinas que el arquitecto de turno plantease.

Esto no es un problema del star system, todos en mayor o menor medida hemos sido culpables de estas aberraciones, todos tenemos nuestros pequeños monstruos. El problema de la arquitectura es siempre el mismo. Las obras sobreviven a sus autores y años después nos miran desafiantes, para recordarnos nuestras miserias.

Las personas se han acostumbrado a estas estridencias, a caminar entre distorsiones que les llevan al desaliento.

Es por ello por lo que la profesión del arquitecto es hoy en día más imprescindible que nunca, no podemos volver a cometer los mismos errores que hoy nos atormentan.

Y para poder entender hacia dónde nos dirigimos es importante pararnos un momento a escuchar lo que nos cuentan aquellos que saben mucho más que nosotros.

Todos tenemos libros de cabecera, pequeñas joyas que en un momento de nuestras vidas se cruzan en nuestro camino y no nos abandonan nunca más. Esto es lo que me pasa a mí con este libro que recoge las conversaciones entre José Antonio Coderch y Enric Sòria.

Lo encontré casi por obligación hace ya años cuando empezaba tímido a enfrentarme a mi primer trabajo en la Escuela de Arquitectura. Es un libro sereno, mayúsculo pese a su brevedad, en el que a través de las transcripciones de las conversaciones entre estos dos arquitectos nos muestra una forma de entender la arquitectura, de comprender la importancia del reposo y que el paso del tiempo permita madurar las ideas.

Hablan un poco de todo, de arquitectura y de la vida, aunque ambas cosas en cierto sentido son lo mismo.


El jardín del Edén

Categoría: Blog del Arquitecto


Hace unos meses tuve la posibilidad de visitar Redueña, un pequeño pueblo de la sierra madrileña a pocos minutos de la capital y con una población de poco más de 300 habitantes que ha tenido una iniciativa muy particular, pionera en España.

A través de financiación municipal y dentro del marco de la red TERRAE (Redueña es socio fundador de la Asociación Intermunicipal Red TERRAE, cuyo objetivo es promover y desarrollar acciones de recuperación del paisaje rural, conservación de la biodiversidad agraria, mejora de la calidad y soberanía alimentaria y en especial la creación de nuevas oportunidades de empleo y de vida para los territorios rurales) se ha llevado a cabo la plantación de un arboreto comestible.

Sobre el terreno de echadizo de la antigua escombrera municipal, se han realizado trabajos de consolidación y enriquecimiento del suelo para posteriormente plantar un jardín con especies cuyos frutos, flores y hojas proporcionan alimentos a lo largo del año.  Está abierto a los vecinos y visitantes que quieran participar en el proceso de semillado, escardado y recolección, así como el compartir en la naturaleza y con ella un modo de vida saludable.